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George R. R. Martin

Choque de reyes

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    Jorge Trochezje citiraoпре 6 година
    —La brujería es la salsa que los idiotas vierten sobre el fracaso para ocultar el sabor de su incompetencia.
    ws03je citiraoпре 6 година
    Cuando cae la nieve y sopla el viento blanco, el lobo solitario muere, pero la manada sobrevive
    Julio Giron Lopezje citiraoпре 6 година
    Se dice que el valor y la locura son primos hermanos
    Denis Fdzje citiralaпре 3 месеца
    «Así que también hay magia más allá del Muro». Se descubrió pensando en sus hermanas, quizá porque había soñado con ellas la noche anterior. Sansa diría que aquello era un encantamiento, y se le llenarían los ojos de lágrimas ante el maravilloso espectáculo, mientras que Arya saldría corriendo entre gritos y risas, y querría tocarlo todo.
    Denis Fdzje citiralaпре 3 месеца
    —¿Ha enviado el pájaro? —preguntó el Viejo Oso.

    —Sí, mi señor. Sam los está enseñando a hablar.

    —Ya se arrepentirá. —El Viejo Oso soltó una carcajada burlona—. Los condenados bichos hacen mucho ruido y no dicen nada que valga la pena.
    Denis Fdzje citiralaпре 3 месеца
    «Qué extraño es el mundo», pensó Jon. Del Muro habían partido doscientos valientes, y el único que no tenía cada vez más miedo era Sam, el cobarde confeso.
    Denis Fdzje citiralaпре 4 месеца
    —Robert era el auténtico acero —contestó el armero después de meditar un instante—. Stannis es hierro puro: negro, fuerte y duro, sí, pero también quebradizo, como el propio hierro. No se dobla nunca; antes se rompe. Y en cuanto a Renly… Ay, Renly es cobre: pulido y brillante, muy bonito, pero a la larga no vale gran cosa.
    Denis Fdzje citiralaпре 4 месеца
    «Pero no me quitarán a mis dragones —juró Dany—. No me los quitarán».

    Los dragones no eran más grandes que los gatos flacos que había visto una vez moviéndose furtivos a lo largo de los muros de la mansión del magíster Illyrio en Pentos… hasta que desplegaban sus alas, aquellos delicados abanicos de piel translúcida de colores maravillosos tensada sobre una estructura de largos huesos finos. Bien mirados, los dragones eran en su mayor parte cuello, cola y alas. «Son tan pequeños…», pensó mientras les daba de comer. Mejor dicho, mientras intentaba darles de comer, porque los dragones se negaban. Siseaban y escupían ante cada trocito de sanguinolenta carne de caballo, y lanzaban vapor por las fosas nasales, pero no aceptaban el alimento… hasta que Dany recordó algo que Viserys le había contado cuando eran niños.

    «Los únicos seres que comen la carne cocinada son los dragones y los hombres», fueron sus palabras
    Denis Fdzje citiralaпре 4 месеца
    —Son míos —replicó ella con rabia. Habían nacido de su fe y de su necesidad; la muerte de su esposo, de su hijo nonato y de la maegi Mirri Maz Duur les había dado la vida. Dany había entrado en el fuego cuando salieron del cascarón, y habían bebido leche de sus pechos hinchados—. Nadie me los arrebatará mientras viva.
    Denis Fdzje citiralaпре 5 месеци
    Sansa se sabía casi todos los himnos, y los que no, los siguió como mejor pudo. Cantó junto con viejos criados canosos y jóvenes esposas nerviosas, con sirvientas y soldados, con cocineros y cetreros, con caballeros y con granujas, con escuderos, con mendigos, con madres que amamantaban a sus hijos… Cantó con los que estaban dentro del castillo y con los que estaban fuera, cantó con toda la ciudad. Cantó implorando misericordia, tanto para los vivos como para los muertos, para Bran, para Rickon, para Robb, para su hermana Arya y para su hermano bastardo Jon Nieve, que estaba tan lejos, en el Muro. Cantó por su madre y por el padre de su madre, su abuelo lord Hoster, por su tío Edmure Tully, por su amiga Jeyne Poole, por el viejo rey Robert, siempre borracho, por la septa Mordane, ser Dontos, Jory Cassel y el maestre Luwin, por todos los valientes caballeros y soldados que iban a morir aquel día y por los hijos y esposas que los llorarían, y por último, ya casi al final, cantó incluso por Tyrion el Gnomo y por el Perro.

    «No es un auténtico caballero —le dijo a la Madre—, pero fue el que me salvó. Salvadlo si podéis, y aplacad la rabia que lo corroe por dentro».

    Pero cuando el septón empezó a pedirles a los dioses que protegieran y defendieran al legítimo rey, Sansa se puso en pie. Los pasillos estaban abarrotados. Tuvo que abrirse camino a la fuerza para salir mientras el septón le rogaba al Herrero que diera fortaleza a la espada y al escudo de Joffrey, al Guerrero, que le diera valor, y al Padre, que lo defendiera si era necesario. «Ojalá se le rompa la espada, y también el escudo —pensó Sansa fríamente mientras se abría camino hacia las puertas—. Que pierda el valor y todos sus hombres lo abandonen»
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