Pero siempre libertario, es decir, haciendo de la libertad —y no de la licencia que es la ley de la selva— el soberano bien. La libertad, para él, es la autonomía, la independencia, la soberanía sobre uno mismo. Es el arte de darse las propias reglas y de vivir de acuerdo con estas, sin jamás dañar a los demás. Es la escultura de sí, la construcción de sí, sin referirse a un catecismo, aunque sea un catecismo contra los catecismos.