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Emily Dickinson

El viento comenzó a mecer la hierba

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    Natali Sánchezje citiraoпрошле године
    Qué bueno regresar a mis libros!

    —término de los fatigados días—.

    Casi compensa la abstinencia,

    y el dolor se olvida con el placer.

    Como aromas que confortan a los invitados

    en el banquete, mientras esperan,

    esta fragancia aligera el tiempo hasta que llego

    a mi pequeña biblioteca.

    Puede haber desolación afuera,

    lejanos pasos de hombres que padecen,

    pero la fiesta suprime la noche

    y hay campanas, interiormente.

    Doy las gracias a estos Parientes del Estante.

    Sus caras apergaminadas

    nos enamoran mientras esperamos,

    y nos satisfacen al alcanzarlas.
    Natali Sánchezje citiraoпрошле године
    Temo a la persona de pocas palabras.

    Temo a la persona silenciosa.

    Al sermoneador, lo puedo aguantar;

    al charlatán, lo puedo entretener.

    Pero con quien cavila

    mientras el resto no deja de parlotear,

    con esta persona soy cautelosa.

    Temo que sea una gran persona
    Natali Sánchezje citiraoпрошле године
    No podía soportar vivir en voz alta;

    el bullicio me azoraba tanto…

    Y si no fuera porque hace mucho que pasó,

    y si los que yo conocía se hubieran marchado,

    a menudo pensé qué inadvertidamente

    podría haberme muerto yo.
    Natali Sánchezje citiraoпрошле године
    morí por la Belleza,

    pero apenas estaba colocada en la tumba,

    cuando uno, que murió por la Verdad,

    fue tendido en un cercano lugar.

    Me preguntó en voz baja «por qué había muerto».

    «Por la Belleza» —respondí—.

    «Y yo por la Verdad. Ambas son la misma cosa.

    Somos hermanos» —dijo él—.

    Y así hablamos desde nuestros aposentos,

    como parientes que se encuentran en la noche,

    hasta que el musgo alcanzó nuestros labios

    y cubrió nuestros nombres.
    Natali Sánchezje citiraoпрошле године
    No es que morir nos duela tanto.

    Es vivir lo que más nos duele.

    Pero morir es algo diferente,

    un algo detrás de la puerta.

    La costumbre del pájaro de ir al Sur

    —antes de que los hielos lleguen

    acepta una mejor latitud—.

    Nosotros somos los pájaros que se quedan.

    Los temblorosos, rondando la puerta del granjero,

    mendigando su ocasional migaja

    hasta que las compasivas nieves

    convencen a nuestras plumas para ir a casa
    Natali Sánchezje citiraoпрошле године
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    Yo no soy nadie. ¿Quién eres tú?

    ¿También tú no eres nadie?

    ¡Entonces ya somos dos!

    ¡No lo digas! Lo pregonarían, ya sabes.

    ¡Qué aburrido ser alguien!

    ¡Qué ordinario! Estar diciendo tu nombre,

    como una rana, todo el mes de junio,

    a una charca que te contempla
    Natali Sánchezje citiraoпрошле године
    La esperanza» es esa cosa con plumas

    que se posa en el alma

    y canta una canción sin letra

    y nunca, nunca se calla.

    Y más dulce suena en el temporal,

    y fuerte debe ser la tormenta

    que pueda acallar al pajarillo

    que a tantos consuela.

    Lo he oído en las tierras más frías

    y en los más exóticos mares,

    aunque jamás me pidió una migaja,

    ni en las mayores adversidades.
    Natali Sánchezje citiraoпрошле године
    Levantar una carta hacia la luz,

    oscurecida ahora, con el tiempo;

    repasar las palabras desvaídas que,

    como el vino, un día nos alegraron
    Natali Sánchezje citiraoпрошле године
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    Me quieres. Estás segura.

    No temeré equivocarme.

    No me despertaré engañada

    una sonriente mañana

    para descubrir que la luz del sol

    ha desaparecido,

    que los campos están desolados,

    ¡y que mi amada se ha ido!

    No debo inquietarme. Estás segura.

    Nunca llegará esa noche

    en que, asustada, corro a casa, a tu lado,

    y encuentro las ventanas oscuras,

    y que no está mi amada.

    ¿Estás segura? ¿Nunca llegará?

    Asegúrate de que estás segura.

    Sabes que lo soportaré mejor ahora,

    si me lo dices así,

    que si, cuando la herida haya curado,

    en este dolor que tengo,

    me hieres otra vez más.
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