Se hablaba de guerra pero nadie hablaba de nosotras las lloronas. Así me dijo Vladimir que éramos, lloronas, invisibles con un grito ensordecedor. Pero nadie hablaba de nosotras. Se hablaba de sangre, de asesinatos, de cifras, pero nadie hablaba de nosotras. Nuestros hijos desaparecían al doble, una vez físicamente, otra, con la indolencia de los demás.