A pesar de que nunca localicé a la perra que abandoné esa tarde, le puse nombre. La llamé Luna. Eso bastó para sentir su compañía durante muchos años. En aquella época, ya fuera por sobriedad o pobreza, la única forma de tener algo era soñarlo... Si no podías soñar, debías imaginarlo. Tal vez así, de bote pronto, parezca poco. ¿Cómo explicar, cómo decir que, por precario que parezca, era una forma de sentirse rico?