Los valores, los sentimientos y el comportamiento del perverso narcisista cambian en función de las personas y del contexto que le rodean. En apariencia es amable y puede fingir compasión y simpatía. Es seductor y, si es preciso, puede mostrarse muy servicial, sobre todo si eso le permite alcanzar sus objetivos, a menudo a costa de los demás. No tiene nunca en cuenta las necesidades ni los sentimientos de los otros, salvo para utilizarlos, manipular a su víctima, aislarla y conseguir que haga lo que él quiere. Es egocéntrico, y aunque también es mentiroso, exige en el otro la perfección y la verdad. Generalmente hábil con las palabras, utiliza el doble sentido para manipular y asumir el papel de víctima, para que le compadezcan o para incomodar al otro deliberadamente. A pesar de carecer a menudo de valores propios, utiliza la moral y los valores de los demás para alcanzar sus objetivos. Puede ofrecer razonamientos aparentemente muy lógicos para justificar sus actuaciones. Puede ser celoso e infiel. No soporta ser el blanco de las críticas, pero critica sin cesar. Para crecerse, se alimenta de la imagen de su víctima: cuanto más la menosprecia, más fuerte se siente. Si siente angustia, rápidamente hace experimentar al otro esta misma angustia. A través de los mecanismos que vamos a exponer, veremos cómo el perverso narcisista hace cargar a los demás con lo que deberían ser su rabia, sus miedos y su culpabilidad. O, dicho de otro modo, su locura.