Margaret A. Boden

    Juan Leónje citiraoпре 2 године
    La inteligencia artificial (IA) tiene por objeto que los ordenadores hagan la misma clase de cosas que puede hacer la mente.

    Algunas (como razonar) se suelen describir como “inteligentes”. Otras (como la visión), no. Pero todas entrañan competencias psicológicas (como la percepción, la asociación, la predicción, la planificación, el control motor) que permiten a los seres humanos y demás animales alcanzar sus objetivos.
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    Del mismo modo, la IA utiliza muchas técnicas diferentes para resolver una gran variedad de tareas.

    Y está en todas partes.
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    Algunas se salen de nuestro planeta, como los robots enviados a la Luna y a Marte o los satélites que orbitan en el espacio.
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    igual que los sistemas que usan los financieros para predecir los movimientos del mercado de valores y los gobiernos nacionales como guía para tomar decisiones políticas sobre salud y transporte, igual que las aplicaciones de los teléfonos móviles.
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    La IA tiene dos objetivos principales. Uno es tecnológico: usar los ordenadores para hacer cosas útiles (a veces empleando métodos muy distintos a los de la mente). El otro es científico: usar conceptos y modelos de IA que ayuden a resolver cuestiones sobre los seres humanos y demás seres vivos. La mayoría de los especialistas en IA se concentra en un solo objetivo, aunque algunos contemplan ambos.
    Juan Leónje citiraoпре 2 године
    Concretamente, la IA ha hecho posible que psicólogos y neurocientíficos desarrollen influyentes teorías sobre la entidad mente-cerebro, incluyendo modelos de cómo funciona el cerebro físico y –pregunta distinta pero igualmente importante– qué es lo que hace el cerebro: a qué cuestiones computacionales (psicológicas) responde y qué clases de procesamiento de la información le permiten hacerlo.
    Juan Leónje citiraoпре 2 године
    Además de repercutir en las biociencias, la IA ha influido en la filosofía. Muchos filósofos actuales basan sus juicios sobre la mente en conceptos de IA; los utilizan para abordar, por ejemplo, el muy mentado problema mente-cuerpo, el enigma del libre albedrío y los muchos misterios de la conciencia. No obstante, estas ideas filosóficas son extremadamente controvertidas y existen profundas discrepancias sobre si algún sistema de IA podría poseer auténtica inteligencia, creatividad o vida.
    Juan Leónje citiraoпре 2 године
    “Pensar en IA –podría decirse–, es pensar en ordenadores”. Bueno, sí y no. Los ordenadores, como tales, no son la cuestión; lo que hacen es lo que importa. Dicho de otro modo: aunque la IA precisa de máquinas físicas (por ejemplo, ordenadores), sería más acertado considerar que utiliza lo que los especialistas en sistemas llaman máquinas virtuales.
    Juan Leónje citiraoпре 2 године
    Una es la IA clásica o simbólica, a veces llamada GOFAI (por las siglas en inglés de Good Old-Fashioned IA, IA a la antigua).
    Juan Leónje citiraoпре 2 године
    Lady Ada Lovelace predijo la IA en la década de 1840.1 Más concretamente, predijo parte de ella. Al no haber atisbos de las redes neuronales ni de la IA evolutiva o dinámica, se centró en los símbolos y en la lógica. Tampoco sentía inclinación por el objeto psicológico de la IA, ya que su interés era puramente tecnológico.

    Dijo, por ejemplo, que una máquina “podría componer piezas musicales elaboradas y científicas de cualquier grado de complejidad o extensión” y también que podría expresar “los grandes hechos de la naturaleza” y haría posible “una época gloriosa para la historia de las ciencias”. (Así que no le habría sorprendido ver que, dos siglos más tarde, los científicos utilizan “big data” y trucos de programación diseñados especialmente para mejorar los conocimientos de genética, farmacología, epidemiología… La lista es infinita).
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