Weber sufrió la enfermedad que describe Baudelaire: el spleen, la antigua melancolía hipocondríaca que adoptaba las formas más modernas. En uno de los poemas en prosa, «El jugador generoso», Baudelaire ofrece un remedio para curar el spleen: un pacto con Satán. El demonio, por boca de Baudelaire, parece hablarle a Weber y brindarle «la posibilidad de aliviar y vencer, durante toda tu vida, esa extraña enfermedad del Tedio que es el origen de todos tus males y todos tus míseros progresos». A cambio de su alma, Satán otorga inmensos beneficios mundanos, todo lo que un espíritu capitalista moderno podría desear:
reinarás sobre tus vulgares semejantes; tendrás halagos y hasta admiración; la plata, el oro, los diamantes, los placeres frenéticos, vendrán a buscarte suplicándote que los aceptes, sin que hagas ningún esfuerzo por ganarlos.