Demasiado a menudo nuestra supuesta fortaleza procede del miedo, no del amor; en lugar de tener una espalda fuerte, muchos tenemos un corazón blindado que protege una columna débil. En otras palabras, vamos por la vida frágiles y a la defensiva, intentando ocultar nuestra falta de confianza. Si fortalecemos nuestra espalda, hablando metafóricamente, y desarrollamos una columna flexible pero resistente, podemos entonces asumir el riesgo de tener un corazón suave y abierto que refleje una compasión sin límites.