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Fernando Gómez Echeverri

  • Yitein Gastélumje citiraoпре 2 године
    Tenía clasificados protozoos que, por lo general, vivían en monedas y en pasamanos de buses; unos más, terriblemente específicos, vivían entre páginas de libros viejos y sólo se alimentaban —según su teoría— con restos de tinta de la letra “o”.
  • Yeraymi Loretoje citiraoпре 9 месеци
    besos y el sexo eran tan banales como un par de monedas o un billete de mil pesos: eran sólo limosna afectiva.
  • Gioryeth Artunduaga Rojasje citiralaпре 8 месеци
    espalda del Nazareno
  • rivasdayannje citiraoпре 7 месеци
    En ocasiones —más allá del mediodía, los días en los que una rescaca asesina la obligaba a levantarse más tarde de la cuenta— se detenía en restaurantes en los que el plato más lujoso era una mojarra frita, sólo para ver el interior de la casa o el diseño de los mosaicos del piso.
  • Luna Sofiaje citiraoпре 5 месеци
    los besos y el sexo eran tan banales como un par de monedas o un billete de mil pesos
  • Alberto Salgadoje citiraoпре 4 месеца
    He tenido la inmensa fortuna de ver convertidas mis palabras en imágenes. El primer cuento del que realmente me sentí orgulloso, se convirtió en Alguien mató algo, un precioso cortometraje en blanco y negro sobre una niña vampiro, en la mejor tradición del cine mudo del Nosferatu de Murnau, de mi sorprendente amigo Jorge Navas.
    La historia de mi primera novela, ¡Salta cachorro!, con sólo cuarenta mil palabras, nunca habría conquistado a ningún lector; toda su credibilidad y parte de su truculencia se la debo a los cómics de otro amigo y cómplice incondicional: Luis Carlos Cifuentes. Cuando publiqué Microbio, en 2010, siempre sentí que la novela estaba coja. Algo le faltaba y no sabía qué era. En la inauguración de Artbo, la Feria de Arte de Bogotá, en 2011, hice el recorrido de todos los stands con uno de mis mejores amigos de todos los tiempos, Carlos Jacanamijoy. Entre un par de whiskys y cientos de obras de arte, “Jaca” me confesó que quería hacer algunos cambios en su propia obra, “quiero dibujar figuras humanas”, me dijo como si nada. Carlos me había acompañado en todo el proceso de escritura de Microbio. Me contó varias historias que están en la novela e incluso me presentó a uno de los personajes que la hicieron posible: Wade Davis, el autor de El río, tal vez la mejor historia documental sobre la biodiversidad y la riqueza cultural de las selvas colombianas.
    En medio de la charla tuve una especie de iluminación: “¿qué tal si dibujas Microbio?”. El proyecto quedó entre los dos y posiblemente todavía estaría engavetado de no haber conocido, un año después, a Felipe González, de Laguna Libros. Yo quería publicar un libro con mis crónicas de arte y le llevé en un sobre de manila los perfiles que había escrito de personajes como Ómar Rayo, Antonio Caro o Débora Arango, y de paso le regalé un ejemplar de Microbio; un par de días después me llamó. Yo estaba buscando títulos para mi flamante nuevo libro de arte, pero Felipe me bajó de mi nube: “Fernando, no he tenido tiempo de leer las crónicas, pero tuve un viaje y me leí Microbio en el avión, ¿no podemos volverla a publicar?”. Y ahí comenzó este libro. Porque ahora Microbio —a pesar de que tiene las mismas palabras— es otra novela. La agonía de Lina es mil veces más dolorosa, el desespero de Diego y del profesor hongo martirizan al lector en cada página y la maldad de Camilo —con cada trazo de Jacanamijoy— flota sobre las páginas de la novela y hay momentos en los que literalmente produce miedo tocar el papel. El peligro de contagio es latente. Sólo me resta decir que el milagro y el privilegio de ver mis palabras convertidas en obras de arte, es un placer por el que puedo sentirme feliz el resto de mi vida, gracias viejo.
  • Anette Perezje citiraoпре 3 месеца
    —No me puedes decir inmadura, idiota. Mírate en el espejo: ¿qué haces con el pelo largo y una camiseta desteñida de Jim Morrison? ¡Tienes treinta años, imbécil!
  • Yesmith Adriana Barrios cogolloje citiraoпре 3 месеца
    El Jardín Zoológico, veinte años después. Los animales son más chicos. Un día, si esto continúa, entraremos en la jaula y aplastaremos con el pie a los tigres.
  • Yesmith Adriana Barrios cogolloje citiraoпре 3 месеца
    El Jardín Zoológico, veinte años después. Los animales son más chicos. Un día, si esto continúa, entraremos en la jaula y aplastaremos con el pie a los tigres.
  • Yesmith Adriana Barrios cogolloje citiraoпре 3 месеца
    Su cuerpo —considerado en otro momento y en otro lugar una pieza de exhibición tan memorable y tan sublime como una escultura griega— se había transformado en un nido de llagas y horrores y en un auténtico ícono de la todopoderosa Iglesia católica: una foto suya podía encajar en una serie de cuadros con
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