Sin embargo, centrar nuestra vida en evitar el dolor equivale a rechazar nuestro anhelo instintivo de compartir. Si te conformas con esta moral de supervivencia, adelante, hazlo. Pero descubrirás que ese es el más solitario de los lugares, y que el suyo es un dolor malo, intrascendente y corruptor. Un refugio es un lugar estrecho en el que no puedes sino empequeñecerte poco a poco; al final la columna vertebral se dobla y la circulación se detiene. El cuerpo se paraliza.