Bruno había mostrado ya en el Candelero (pág. 157) la corrupción operada en la sociedad por el oro y la plata: «Los metales, como el oro y la plata, son la fuente de cada cosa: ellos proporcionan palabras, hierbas, piedras, lino, lana, seda, frutos, trigo, vino, aceite; y cada cosa deseable sobre la tierra de ellos se extrae. Los considero tan necesarios que, sin ellos, ninguno de tales objetos se acopia o se posee».