Mi abuela Teresa también era analfabeta y yo también soy escritor. Estoy de acuerdo con Sola en que, entre los éxitos de la democracia española, destacan sus escuelas, sus universidades, sus bibliotecas, que permitieron que varias generaciones de hijos de inmigrantes pobres pudieran acceder a una educación, a una profesión, a una vida mejor que la de sus antepasados. No sería quien soy sin ellas; sin la Universitat Pompeu Fabra, donde estudié Humanidades y me
doctoré, sin todas aquellas lecciones, sin todos aquellos libros prestados.