su vista se nubló, y cuando la recobró de nuevo, vio al mono de pie, en medio del cuarto, interpuesto entre él y la lámpara. Pero antes de que hubiera tenido tiempo de abrir la boca, el mono se había convertido en hombre.
–¡Soy yo! –murmuró Boox, loco de espanto–. ¡Se ha convertido en mí mismo!...
–¡Sí, miserable, soy tú! ¡Y tú, fíjate en lo que eres