El mito de la izquierda seguía siendo primigeniamente pobre.
Para que se pudiera avanzar, pensé, para que el pegamento del mito surtiese efecto, haría falta olvidar muchas cosas. Olvidar el atentado de 1925 en aquella iglesia, olvidar a todos los que fueron asesinados y enterrados en fosas comunes inmediatamente después de que se hubiese perpetrado el golpe de Estado, olvidar a los que fueron molidos a golpes, a los que fueron pisoteados con botas, a los que fueron enviados a campos de concentración, olvidar a los que fueron vigilados, engañados, separados, censurados, humillados… Olvidarlos y olvidar después que se les había olvidado… Olvidar exige esfuerzo y trabajo. Exige estar recordándote todo el tiempo que tienes que olvidar algo. Seguramente esa y no otra es la labor esencial de toda ideología.