No puedo evitar sonreír también y preguntar:
—¿Estás seguro?
Bryson toma mi barbilla con suavidad.
—Sí. —Acerca su frente a la mía—. Esto fue lo que escogí. Sé lo que quiero y es estar contigo —dice—. No me importa lo que digan los demás. Me gustas, Kai Sheridan. Me gustas mucho.
Después de esta semana creí que ya no podía llorar más; sin embargo, aquí estoy llorando otra vez. Es completamente vergonzoso. Bryson ríe y le doy una palmada en el pecho.
—Cállate —digo—. Eso fue tierno.
—Lo sé. —Bryson guiña un ojo. Levanta las manos para enjugar mis lágrimas con los pulgares—. Tienes suerte de tener un novio tan tierno.
—La tengo.
Después, Bryson se acerca y nos besamos. Justo como quería hacerlo antes, recorro su mentón con el dedo. Bryson muerde mi labio inferior y lanzo un gemido. Nuestras bocas se buscan y eso es lo único que importa.
No sé cuánto tiempo durará esto, pero elijo concentrarme en este momento.
Elijo ser feliz.
Porque puedo serlo.
Porque me lo merezco.
«Gay» significa «feliz» también, ¿saben?