A diferencia de las crisis del pasado, esta vez la tormenta económica no comenzó en Europa, sino en los Estados Unidos de América. En los primeros meses de 1857, los bancos de Nueva York aumentaron la cantidad de préstamos a pesar de la disminución de los depósitos. Tras esta decisión, el aumento de la actividad especulativa empeoró aún más las condiciones económicas generales y, efectuado el cierre por bancarrota de la sucursal en Nueva York de la Ohio Life Insurance and Trust Company, se desató sin control el miedo, causando numerosas quiebras. La pérdida de la confianza en el sistema bancario llevó, así, a la reducción del crédito, a la extinción de los depósitos y, por último, a la suspensión de los pagos.27