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Knjige
Yara Nakahanda Monteiro

Esa chica buena onda

  • Diego Zapataje citiraoпре 3 месеца
    Un ímpetu interior que llega del vacío me persigue, sin dejarme nunca totalmente en paz. Aparece una vez más, trayendo la neblina hacia todo lo que vivo ahora, entorpeciendo en dueto cualquier pensamiento alegre que tenga y sonrisa que entregue. Es un dolor suspendido, primitivo, que me hace vivir con miedo.
  • María Fernanda LLje citiraoпре 5 месеци
    , la más visible marca de la guerra es el silencio impuesto a la vida diaria. Incluso la propia hierba tiene la respiración en suspenso
  • María Fernanda LLje citiraoпре 5 месеци
    La partida de nuestra familia arrastra consigo el gravamen de la muerte de quien nos dio la vida, pero ahora decidimos dejar atrá
  • María Fernanda LLje citiraoпре 5 месеци
    MI MADRE ESTUVO DESAPARECIDA DURANTE MÁS DE quince años. Cuando reapareció, fue para entregarme a mis abuelos. Yo tenía dos años de edad y, después de eso, no se supo más de ella.
  • María Fernanda LLje citiraoпре 5 месеци
    madre desapareció el mismo día de la golpiza. No regresó nunca más, y el abuelo no fue en busca de ella.
  • María Fernanda LLje citiraoпре 5 месеци
    hija.
    Es verdad que el amor nos vuelve siempre un poco miope
  • María Fernanda LLje citiraoпре 5 месеци
    De fuerte personalidad, mi madre siempre fue contraria a la disciplina. La
  • Yatzel Roldánje citiralaпрошле године
    Las palabras pueden ser tan preciosas como las balas en la guerra. Hay que economizarlas.
  • Ana Saenzje citiralaпрошле године
    Lo que te parezca que es mejor para ti. Puede parecer extraño, pero aquí todos te queremos bien. Espera, Vitória. Sólo espera. Eres de un pueblo que todavía está a la espera, que espera siempre.
  • Ana Saenzje citiralaпрошле године
    Entre sollozos y lágrimas, pregunta por qué ella no le contó la verdad.

    —¿Cuál de ellas, mi amor? La de tu madre, la mía, la de tu familia, la que querías oír, la verdad del General… ¿Cuál de ellas? —pregunta Juliana, para continuar de inmediato—. La vida no se controla. Te me apareciste aquí qué sé yo cómo. Aquí mismo en esta casa. ¿Te crees que no oía mi nombre en la radio? No quería despertar el pasado. Después, contigo aquí, sentí que para limpiar mi culpa tenía el deber de ayudarte.
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