Porque el curso duro, frío y aburrido de las realidades cotidianas sigue imperiosamente adelante haciendo caso omiso de nuestros sentimientos. Aún debemos comer, beber, dormir y despertar; aún debemos regatear, comprar, vender, preguntar y responder, en otras palabras, perseguir mil sombras aunque haya desaparecido todo nuestro interés por ellas; el frío y mecánico hábito de vivir permanece aunque hayamos perdido el incentivo vital.