esos momentos, yo, que les cogí ojeriza a los hombres, que nunca más quise acostarme ni casarme con otro, tal vez me habría acostado de nuevo solo para tener hijos, para tener con quién sentarme para desenmarañar estas historias que no me abandonan. Tal vez les daría una pila de cuadernos viejos, manchados de la humedad de la lluvia, o carcomidos por las polillas, para que leyeran y pudieran entender de qué estamos hechos.