En el mejor de los casos, la teoría feminista nace de lo que piensan las mujeres cuando están solas; de lo que se dicen unas a otras en un piquete, en la cadena de montaje, en la esquina y en la alcoba; de lo que han intentado decirles a sus maridos, sus padres, sus hijos, sus jefes y sus representantes políticos un millón de veces. En el mejor de los casos, la teoría feminista revela las posibilidades para las vidas de las mujeres que hay latentes en sus luchas, y hace que esas posibilidades estén más cerca. Pero, por desgracia, a menudo la teoría feminista prescinde de los hechos concretos que conforman las vidas de las mujeres y se limita a anunciarles, desde su pedestal,