Nos levantamos; un pensamiento errante contamina el día.
Sentimos, concebimos, razonamos; reímos o lloramos,
abrazamos la tristeza o ahuyentamos la inquietud;
lo mismo da, pues, ya sea el gozo o el dolor,
el camino de su marcha aún queda libre.
El ayer del hombre nunca será como su mañana;
¡y nada perdura salvo la mutabilidad!