Citati iz knjige „So Sad Today. Ensayos íntimos“ autora Melissa Broder

Ya ni siquiera me masturbo pensando en ti porque es demasiado triste: una historia de amor.
Si no amo mi cuerpo, ¿cómo puedo amar el cuerpo de otra mujer? Podría decir que amo mi cuerpo, para parecer que soy una buena feminista. Pero eso solo sería fingir que amo a alguien a quien odio.
Nadie pide nacer. Nadie firma un papel que dice: «te doy permiso para hacerme existir». Los niños nacen porque los padres sienten que ellos mismos no son suficiente.
Lo de no superar mi fantasía contigo está
yendo bien
El amor falso ¿es mejor que el amor real? El amor real requiere responsabilidad, compromiso, generosidad, presencia y toda esa mierda. El amor falso es magia, excitación, falsas esperanzas, ilusiones y el subidón que da la posibilidad de que esa persona vaya a salvarte de ti misma.
No le cuento que la razón por la que no puedo fruncir el ceño delante de otra persona es porque me preocupa demasiado lo que los otros piensen de mí y esa preocupación excesiva probablemente me haya condicionado a tener solo una expresión feliz. Es una sonrisa pauloviana.
Declaro que creo que mi dios existe, porque he experimentado su presencia en muchas ocasiones. La he experimentado a través de otros seres humanos que me han ayudado. Mientras que los individuos me han decepcionado, siempre he podido encontrar ayuda colectivamente. Mi dios es un dios horizontal que trabaja a los lados de la tierra en vez de verticalmente desde las alturas del cielo.
Vamos a fingir que eres capaz de ser quien yo creo que necesito que seas: una historia de amor.
Nunca me acabaste de gustar del todo, pero todos los demás eran peores: una historia de amor.
Sencillamente no podía comprender cómo aquella mujer hablaba tan alegremente de la pimienta cuando yo no podía dejar de pensar lo absurdo que era que fuéramos reales, que estuviéramos sentados alrededor de un objeto, con nuestros cuerpos cubiertos por telas, y no tenía ni idea de por qué.
Para mí es algo muy raro que estemos aquí, vivos, sin saber por qué vivimos, y dedicándonos a nuestras cosas, casi como ignorando este hecho.
La ansiedad no me la disparaba ningún acontecimiento en concreto. Más bien estaba siempre flotando, en busca de algo sobre lo que posarse.
Yo me estaba muriendo, y lo mismo todas las personas que quería, lo que, por supuesto, era cierto, pero no estaba ocurriendo tan rápido como yo lo veía.
Creo que la ansiedad era un mecanismo de supervivencia; las sensaciones desmesuradas que produce, por muy aterradoras que sean, eran de alguna manera preferibles para mí que la depresión subyacente.
¿Qué más podemos esperar de un matrimonio que seguir viendo las cosas como si fueran nuevas?
«¿Merece la pena tener tanto talento si tiene también que sufrir de una profunda sensibilidad que está tan intrínsecamente unida a sus dones?».
A los amigos hay que tenerlos cerca, pero a la ansiedad aún más cerca
no soy un ser humano que trata de ser espiritual. Soy un ser espiritual que está viviendo la experiencia de ser humano.
Si hubiera podido estar borracha siempre, nunca habría tenido que dejarlo. Pero no podía, por eso lo dejé.
Prefiero que un juez cósmico piense que soy una mierda a que nadie piense nada de mí.
Son los amigos solteros los que hacen que permanezcamos casados. Nos recuerdan que estar soltero es triste. Tener citas es triste. Ligar por Internet es triste. Ir de vacaciones y a las bodas solo es triste. El matrimonio también es triste.
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