—No estoy segura —admití—. Estoy pensando en hacerlo sobre el matrimonio homosexual.
—¿A favor o en contra?
—A favor, por supuesto. Después de todo, el Gobierno no tiene ningún derecho a dictar quiénes pueden o no pueden declararse públicamente su amor.
—Qué romántico —comentó Toby.
Solté un resoplido.
—En absoluto. No soy nada romántica, pero es de cajón. Negarles a los homosexuales el derecho al matrimonio viola su derecho a la libertad y a la igualdad. Una cagada monumental, vamos.