es
Knjige
Charlie Donlea

La casa de los suicidios

  • Alex Teskeje citiraoпрошле године
    Esperé. La mujer se quedó mirándome.

    —Hay más. No dejé de hacerlo, después de mi hermano.
  • 𝙰𝚜𝚑𝚕𝚢𝚗.je citiraoпре 9 месеци
    Pero me recordé que no debía confundir eficiencia con simplicidad. Esto me resultaba fácil solamente gracias a mi diligencia. Me resultaba fácil solo porque yo había trabajado para que así lo fuera.
  • Selena 🩵je citiralaјуче
    bomberos al mínimo en la escena del crimen para reducir las posibilidades de contaminación de la zona.
    El agente detuvo el coche justo fuera de la cancela de la casa.
    —Santo cie
  • Selena 🩵je citiralaјуче
    —Santo cielo —masculló el detective Ott al bajar. Todos los ojos estaban puestos sobre él; los presentes observaban su reacción y esperaban indicaciones
  • Selena 🩵je citiralaјуче
    Delante de él se elevaba una gran casa colonial que parecía salida de siglos pasados. Entre las luces y sombras de los reflectores, se destacaba la enredadera que trepaba por el exterior
  • Selena 🩵je citiralaпрекјуче
    Mierda —susurró.
    No podía permitirse perder cerillas. Volvería a necesitarlas si lograba llegar a la casa y a la habitación segura. Pero en ese momento estaba solo en el bosque oscuro con una vela apagada y en gran peligro, si decidía creer los rumores y las leyendas. Los temblores que sacudían su cuerpo sugerían que los creía. Estabilizó las manos lo suficiente como para deslizar con firmeza la cerilla contra el rascador, lo que hizo que se encendiera en una llamarada inestable. La erupción liberó una nube de humo con olor a azufre antes de convertirse en una llama controlada. Acercó el fósforo al pabilo de la vela, feliz ante la luz que le brindó. Calmó su respiración y observó el bosque en sombras a su alrededor. Escuchó y esperó, y cuando tuvo la certeza de que había derrotado al reloj, volvió a concentrar la atención en la hilera de árboles que tenía delante. Avanzó lentamente, protegiendo con esmero la llama mientras caminaba; una vela encendida era la única forma de mantener lejos al Hombre del Espejo.
    Llegó hasta el roble gigantesco y vio una caja de madera junto a la base. Se arrodilló y abrió la tapa. En el interior descansaba una llave. El corazón le latía con contracciones poderosas que enviaban un torrente de sangre por los vasos sanguíneos dilatados de su cuello. Inspiró profundamente para calmarse y luego sopló para apagar la vela: las reglas establecían que las velas de guía solo podían mantenerse encendidas hasta que se encontrara la llave. Emprendió la marcha por el bosque. En la distancia, el silbido de un tren en la noche le alimentó el caudal de adrenalina. La carrera seguía. Mientras corría por el bosque, tratando infructuosamente de protegerse la cara de las ramas que lo azotaban como látigos, se torció un tobillo. Siguió su camino, sintiendo bajo sus pies el temblor de la tierra producido
  • Selena 🩵je citiralaпрекјуче
    el paso del tren. La vibración le hizo acelerar los pasos.
    Cuando llegó al extremo del bosque, el tren pasó rugiendo por las vías a su izquierda; un borroso resplandor metálico que cada tanto captaba el reflejo de la luna. Emergió del follaje oscuro y se dirigió a la casa; el rugido del tren apagaba el sonido de sus gruñidos y jadeos. Llegó a la puerta y entró.
    —Felicitaciones —le dijo una voz en cuanto traspuso el umbral—. Eres el primero.
    —Genial —masculló sin aliento.
    —¿Encontraste la llave?
    Él la levantó para mostrársela.
    —Sí.
    —Sígueme.
    Caminaron por los corredores oscuros de la casa hasta llegar a la puerta de la habitación segura. Insertó la llave en la cerradura y la giró. La cerradura cedió y la puerta se abrió. Entraron y cerraron la puerta. La oscuridad era absoluta, mucho peor que en el bosque.
    —Date prisa.
    Se arrodilló y avanzó, gateando, por el suelo de madera hasta que sus dedos se encontraron con la fila de velas que estaban delante de un alto espejo de pie. Buscó en el bolsillo y sacó la cajita de cerillas. Le quedaban tres. Deslizó una contra el costado de la caja y la punta se prendió. Encendió una de las velas y se plantó, de pie, frente al espejo, que estaba cubierto por una lona pesada.
    Inspiró hondo y le hizo un gesto de asentimiento a quien lo había recibido en la puerta. Juntos quitaron la lona que recubría el espejo. Su imagen estaba ensombrecida por la penumbra de la vela, pero notó las laceraciones que le cortaban las mejillas y la sangre que chorreaba de ellas. Tenía un aspecto espectral y como si acabara de salir de una batalla,
  • Selena 🩵je citiralaпрекјуче
    pero lo había logrado. El ruido del tren se apagó cuando el último vagón pasó junto a la casa y siguió hacia el este. La habitación quedó en silencio.
    Con la vista fija en el espejo, inspiró por última vez. Luego, juntos, susurraron:
    —El Hombre del Espejo. El Hombre del Espejo. El Hombre del Espejo.
    Transcurrieron unos segundos, en los que ninguno de los dos parpadeó ni respiró. Luego algo relampagueó tras ellos. Una mancha borrosa en el espejo entre las imágenes de ambos. De pronto, una cara se materializó de la oscuridad y se enfocó, un par de ojos iluminados por el reflejo de la llama de la vela. Antes de que alguno de los dos pudiera volverse, o gritar o defenderse, la llama se apagó.
  • Selena 🩵je citiralaпрекјуче
    Sábado, 22 de junio de 2019
    03.33
    El detective condujo el coche más allá de la cinta policial amarilla que ya marcaba el perímetro de la escena del crimen y se adentró en el caos de luces rojas y azules. Coches patrulla, ambulancias y camiones de bomberos estaban estacionados en ángulos extraños delante de los pilares de ladrillo que marcaban la entrada al Instituto Westmont, un internado privado.
    —Qué desastre.
    El agente policial al mando no había abundado en detalles, solo le había dicho que un par de muchachos habían muerto en el bosque que bordeaba el campus. La situación era ideal para reacciones exageradas. De ahí la presencia de toda la fuerza policial y de los bomberos de la pequeña ciudad. Y por lo que se veía, también de la mitad de los empleados del hospital. Médicos con uniforme y enfermeros de chaqueta blanca resplandecían al pasar delante de las luces de la ambulancia. Los agentes de policía hablaban con alumnos y profesores que salían por las puertas hacia el circo de luces parpadeantes. Vio que había una furgoneta del Canal 6 aparcada fuera del perímetro demarcado por la cinta policial. A pesar de la hora, no dudaba que habría más en camino.
    El detective Henry Ott descendió del coche mientras que el policía a cargo le resumía los hechos.
    —La primera llamada al 911 llegó a las doce y veinticinco. Le siguieron varias más, y todas hablaban de que algo había ocurrido en el bosque.
    —¿Dónde? —preguntó Ott.
  • Selena 🩵je citiralaпрекјуче
    —En una casa abandonada donde termina el campus.
    —¿Abandonada?
    —Por lo que he podido averiguar hasta el momento —explicó el policía—, solía ser una casa donde residían los profesores, pero ha estado vacía durante varios años, desde que se construyó un ramal de ferrocarril de la línea Canadian National que envía trenes diarios de carga por esa parte del campus. Había demasiado ruido, por lo que se construyeron las viviendas para profesores sobre el campus principal. La escuela tenía planeado destinar esas tierras a un campo de fútbol americano y una pista de atletismo. Pero por ahora, solo está la casa abandonada en el bosque. Hemos hablado con algunos alumnos. Parece que era el sitio preferido para las fiestas nocturnas
fb2epub
Prevucite i otpustite datoteke (ne više od 5 odjednom)