–Sí, todo el poema de fray Juan de la Cruz no es más que una santísima follada: comienza con las ansias amorosas, oh, qué ansias, qué celos, qué fiebres, seguidas de algunos tocamientos, oh, tocamientos, hasta que ya luego le dan morcilla al fraile: oh–oh–oh. ¡Que ya acabo, que ya acaba, que ya acabé! Rematan las lánguidas estrofas finales con sus bostezos y arrumacos y cariños post coitum. Una follada muy aristotélica con su planteamiento, su clímax y su resolución aunque disolución me parecería un término más adecuado para aquellas coplillas...