s refunfuñaron al unísono, reprochándolo, tras lo cual él, preocupado, explicó:
—La historia está escrita. Guardada en un cajón con llave. No ha salido a la luz por años. Podría escribirle a mi asistente y enviarle la llave en el sobre para que me mande el paquete tan pronto lo encuentre.
A mí, particularmente, me pareció que más bien lo estaba proponiendo, casi pidiendo ayuda para no vacilar.